“La señora Blanco se quejaba de que su marido limitaba gravemente sus actividades sociales, de modo que ella nunca había aprendido a bailar. Debido a unas alteraciones en su actitud fruto de un tratamiento psiquiátrico, su marido empezó a sentirse menos seguro de sí mismo y a ser más indulgente. Entonces la señora Blanco pudo ampliar la gama de sus actividades. Se apuntó a clases de baile y descubrió, consternada, que sentía un gran temor a las pistas de baile y tuvo que abandonar este proyecto. Esta desafortunada aventura, junto con otras parecidas, sacó a la luz aspectos importantes de la estructura de su matrimonio. De entre sus numerosos pretendientes eligió como esposo a un hombre dominante. Quedó entonces en posición de quejarse de que podría hacer de todo “si no fuera por él”. Muchas de sus amigas también tenían maridos dominantes, y cuando se reunían por las mañanas para tomar café, pasaban bastante tiempo jugando a “Si no fuera por él”.
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